viernes, 15 de agosto de 2008

Las velitas del 28

De que se ha escrito sobre el tema, se ha escrito, y muchos habrán leído no solo las novelas, los cuentos y poemas, si no investigaciones académicas, archivos de prensa y hasta documentos oficiales; como también han esculpido, pintado, representado en escena, compuesto sones con guitarra y acordeón; igual es el tema de un par de documentales y hay una escena de un largometraje colombiano que por encima hace alguna mención, otros más afortunados escucharon a viva voz el testimonio de los pocos sobrevivientes y testigos que aún viven, rayando casi los 100 años; por lo tanto ochenta años después cabe preguntarse, ¿ lo hemos olvidado? ¿La peste del olvido pudo más que el derecho a la memoria colectiva? ¿Las nuevas generaciones recuerdan el 6 de diciembre de 1928? ¿Será que al parecer ni la generación intermedia hizo su parte, y a la vieja ya no se le puede pedir cuentas? Tal vez… De todas maneras recordémoslo: “El 6 de diciembre de 1928, un número jamás establecido de jornaleros del banano, fue masacrado en la estación de trenes de Ciénaga, Magdalena, por el Ejecito Nacional, bajo ordenes del Gobierno Colombiano”. Sin embargo esto no fue un acontecimiento fortuito, de la noche a la mañana, sin causa y consecuencia alguna, porque creerlo así, confirmaría no solo que se ha olvidado por completo, si no algo peor, que ni siquiera fue escuchado alguna vez en una remota clase de historia. Valdría además cuestionarse si los “interesados” en el tema, porque al que sinceramente no le importe o interese, según, no tiene nada que ver y punto, pero para quienes significa algo, no es fácil lavarse las manos cínicamente, ignorar el compromiso de su aporte a la reconstrucción de la memoria colectiva, a la batalla contra el virus del olvido, por lo tanto ¿que ha sido de los escritores, poetas, pintores, escultores, periodistas, investigadores, docentes, dramaturgos, filósofos, historiadores, guionistas, cineastas, productores, editores, cuenteros, palabreros, titiriteros, estudiantes, espectadores, televidentes, lectores, radio oyentes, críticos, detractores, especuladores, traidores y gobernantes?. Debemos dejar claro que la producción de obras e investigaciones a cerca de la huelga y masacre de las bananeras, no se pone en duda, porque indudablemente en algún lugar de la región Caribe, de Colombia o del mundo, algo se hizo, se hace, y se hará, pero por extrañas razones seguimos haciéndonos preguntas cuyas respuestas siguen estando en el aire, no se si para todos, pero en mi caso, no es una simple curiosidad, si no una incomoda inquietud de reflexionar, reconstruir, sobre el tema, que de seguro ocupará algo de tiempo en mi vida, o por lo menos eso espero. Creo que fue el 5 de diciembre del 2003 en Barranquilla, cuando salimos en medio de un torrencial aguacero con su respectivo arroyo, a buscar un testimonio para el documental “Cayeye 28”, a Armando Riascos Labarces, el hijo de César Riascos, mejor conocido a principios del siglo XX en la vieja provincia de Santa Marta como “Capa Burro”, un célebre productor bananero, amigo y colaborador de la Unite Fruit Company, a quienes lo huelguistas acusaron de vendido y satélite de la “Yunai” y luego de la masacre debió exiliarse con su familia algunos años en Europa. El señor Riascos, accedió a darnos el testimonio con su versión a cerca del movimiento sindicalista que perjudicó con ideas comunistas el progreso y el bienestar de la industria bananera en aquellos años, luego nos comentó que fue Jorge Eliécer Gaitán con su presentación en el Congreso de la Republica, hasta donde llegó con un cráneo de una víctima de las metralletas del ejercito; mantuvo su afirmación de que las víctimas en la estación de trenes en Ciénaga fue de nueve muertos, contándonos una conversación que tuvo con García Márquez, en donde según Gabo, ratificaba junto a él que los muertos fueron nueve. El testimonio con el material debió volverse a rodar una semana después, debido a una falla técnica con el sonido, que sin embargo luego de un tiempo nos dimos cuenta que no fue en realidad una falla técnica del sonido, si no una falla nuestra en la revisión del material filmado, no obstante terminó siendo una oportunidad para el montaje del documental. Continuamos el viaje por la ruta de la memoria, y llegamos a Ciénaga; allá fueron varias semanas de trabajo previo en la investigación, donde los testimonios diferían al del hijo de César Riascos, en su propia tierra, entre ellos el de Ismael A. Correa Diazgranados, descendiente de los judíos sefarditas que abrieron las primeras entidades financieras en la región, hijo de Atilio A. Correa, que igualmente fue un prospero productor bananero, como el señor Riascos. Esa mañana Ismael A. Correa, nos atendió en su estudio, donde guarda bajo llave y en un orden solemne documentos que ha recopilado en gran parte de sus casi noventa años de vida, que confirman la funesta consecuencia de haber escogido como jefe civil y militar de la zona al general Carlos Cortés Vargas, quien presionado por las ordenes del gobierno Conservador y la Unite Fruit Company, declara a los huelguistas en el Decreto # 4 “como cuadrilla de malhechores, revoltosos, incendiarios y asesinos, facultando a los miembros de la fuerza publica para castigarle con las armas”, y fue el General Cortés Vargas, quien da la orden de fuego en la estación de Ciénaga, dejando como consta según el documento en poder de Ismael, más de mil muertos, “ the total number of strikers killed by the Colombian military exceded one thousand”. Luego de Ciénaga fuimos a la Zona Bananera, pasando por Origueca, Gucamayal y Sevilla; allá Hernando Cortina nos recibió a sus 101 años, y ofreció su testimonio de sobreviviente de la masacre; nos aseguró que no sabe como aún está contado el cuento, ya que las balas corrían por toda la estación y el pudo protegerse bajo a un viejo vagón del ferrocarril, que le sirvió de escudo protector contra la ráfaga de la metralla. “el frente del hotel Sevilla estaba lleno de muertos, luego de un rato, llegaron unos camiones del ejercito a llevarse los cuerpos, en ese lleva y lleva hicieron varios viajes, y dejaron solo 9 muertos al amanecer”. Hernando Cortina vivió hasta hace poco, antes de su muerte en el 2006, en Orihueca en casa de un hijo, quien nos comentaba que en varias ocasiones se aparecía gente preguntando por su papá para que hablara de lo ocurrido por aquellos años, pero luego desaparecían y nunca se les volvía a ver la cara. Fueron doce meses de investigación, y 3 de producción y montaje hasta tener una copia definitiva para exhibir públicamente en los festivales de cine y la televisión, el total del material filmado fueron 1200 minutos, incluido lo que por una falsa falla técnica debimos repetir, entre testimonios, escenas, tomas de ambientación de los lugares, y recorrido por las carreteras del Magdalena, que finalmente nos dieron 25 minutos de duración de Cayeye 28. ¿Que fue de los 1175 minutos restantes? Están en un archivo personal de material audiovisual, que no he vuelto a visualizar desde hace cuatro años, pero que antes de emprender la misión de algún proyecto de “Las Bananeras”, será seguramente una referencia para volver a comenzar; sin embargo en el momento y los lugares menos pensados, recordando las difíciles condiciones climáticas del Caribe para la conservación de archivos fílmicos y audiovisuales, sin importar su formato y soporte, me imagino que a la hora de reproducir las cintas… bueno es mejor ni pensarlo. El 2 de noviembre en el cementerio San Rafael de Ciénaga como se viene haciendo desde siempre los vivos van a prenderle veladoras a sus muertos, sin embargo hay un osario en donde no se alcanza a leer ninguna fecha o nombre, que mantiene una penumbra en medio de las llamas y la resonancia de las oraciones, no existe ni siquiera una placa conmemorativa que haga referencia de quien o quienes están enterrados, o si por lo menos hay alguien o algo ahí, como aseguran los trabajadores del cementerio, para que por derecho y no por caridad o pantomima alguien les prenda las velitas del 28. Finalmente el virus sigue ahí, con intención de ganar, ojala no lo dejemos, aunque parezca todo lo contrario, que si.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

de acuerdo...

Sen

Anónimo dijo...

creo que muchos se han olvidado, pero algunos seguimos ocordándonos...
saludos,
josephina

Anónimo dijo...

que bien, yo pude ver el documental de cayeye 28 en París,

mariePuy

Anónimo dijo...

BUEN DOCUMENTO...
GRACIAS POR COMPARTIRLO.

SALUDOS.

ANNIE

Anónimo dijo...

que energia...

besos,

laura

Anónimo dijo...

Que interesante la reflexión... Opino que debemos trabajar en conjunto e interdiscplinariamente al respecto.

Sare